LA VUELTA AL MUNDO. Parte 6: Madrid. Me tuneo el carro

La llegada a Madrid fue algo precipitada. Por la tarde, había ido a buscar una rueda de repuesto, un manguito de ventilación del motor y un intermitente al desguace. Encontré 0/3 cosas que buscaba y tuve que conducir un buen rato por ciudad, cosa que siempre me agobia. Además, después del accidente conducía peor y más nervioso.

Cuando acabé de rebuscar nos fuimos a Madrid; por poco nos quedamos sin ir, ya que no quería conducir más ese día. Llegamos a casa de Maite, la hermana de Miren que comparte piso con Dani.

Realmente nunca podré agradecer ni devolver el favor que me hicieron dándome casa tantos días, sin conocerme de nada. Cuando se viaja, no sé qué pasa, pero aún me fascina tanto como el primer día la gente que conoces y te ayuda, tiene un aire mágico.

Los días en Madrid transcurrieron de una manera muy cotidiana, lo cuál está muy bien ya que necesitaba días de cenar con gente, hacer turismo, visitar monumentos haciendo el guiri, etc.

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La aventura fue el estrés que supone construir una cama en la parte trasera de tu furgo. Mi primera idea fue un tablón con 4 patas. ¿Qué podía salir mal?

De primeras, encontrar una madera de ese tamaño (1,50 x 1,50) fue un reto de por sí; después, compré 4 patas de hierro y tornillos.

Como no tenía dónde hacerlo, Maite, a parte de ayudarme con el alojamiento, me dijo que fuera a su universidad de Bellas Artes, que tienen herramientas y un taller. La cosa salió peor que mal. Poner la mesa en el coche fue un tormento: rompimos un poco del techo y torcimos aún más las patas. Sin olvidar que como tardamos mucho, nos dejaron encerrados en la universidad y vinieron a sacarnos más tarde.

Antes de llegar a su casa, casi se cae todo: se rompieron 2 patas y a otra se le cayeron los tornillos. Total: 3 de 4 patas inutilizadas.

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Sky-line en Madrid

Finalmente, lo que decidí hacer fue un cambio de estrategia para llegar a la misma meta .

El día siguiente hice lo que más tarde se conocerá y pasará a los libros de historia como la ruta de los carpinteros. Fui de carpintero en carpintero, hasta dar con uno que me diera la solución y precio asequible. Por 65 euros me dijo que se podía hacer y así fue: a día de hoy tengo el mejor cajón/cama que puede existir!

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Me dejó las piezas prefrabricadas y las empecé a montar: estuve unas dos horas y, sin querer, me sobraron un par de piezas, pero espero que el hecho de no saber colocarlas y directamente ignorarlas no me repercuta en el futuro.

Mientras hacía todo eso, también conocí algún personajillo que me cayó en especial gracia, pero no era el momento adecuado, espero encontrármelos en el camino de nuevo.

También tuve que despedirme de Miren (y esta vez de verdad), una persona que realmente ha marcado mi inicio de viaje y ha dejado huella en mí, con todas las cosas que me ha enseñado, tanto a propósito como las que me enseño sin querer.

La aventura continua hacía el sur rumbo Canarias.

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