LA VUELTA AL MUNDO. Parte 3: extraños visitantes en la noche bajo de cero.

Cuando se fueron mi madre y mi hermana me quedé completamente solo en un mirador. Hacía un viento de la hostia y aproximadamente quedaría una hora y media de luz.

Empecé a preparar y ordenar un poco la furgo, pero el viento lo hacía imposible. Cada vez que dejaba una bolsa afuera para ordenar se la llevaba el viento. Para acabar de estresarme del todo, llegaron un par de perros callejeros muy majos, pero muy pesados, intentando entrar al coche.

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Moví el coche hasta tres veces hasta encontrar un sitio mas resguardado del viento. Una vez lo encontré deje salir a Trasto, mi perro, y no se le ocurrió mejor idea que ir a la carretera… Cuando conseguí sacarlo de allí, se fue campo a través.

Al ver que no volvía ni se le veía en 15 minutos, me metí como un desesperado en la maleza, gritando. Tras avanzar unos 100 metros entre matorrales vi una cola. Un rato después se acerco a mí  y se dejó coger… volví corriendo al coche que, con las prisas, lo había dejado abierto y con las llaves en la cerradura.

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Entré y empecé a ordenar las cosas desde dentro, sin salir de la furgo. Fue un poco kaos y frustrante, pero al final conseguí un orden semi-coherente.

Poco a poco la temperatura iba descendiendo y empezó a llover. Al principio no le dí mas importancia; sin embargo, a la media hora me dí cuenta que había una especie de pelusilla blanca en un asiento…resultó ser nieve y, además, me había dejado la ventana abierta.

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La cerré rápidamente y después de esconderme un par de horas en el saco, finalmente paró de nevar. Fue entonces cuando valoré la idea de salir a prepararme algo para comer.

Una vez fuera, empecé a cocinar, no sin antes sacar la barra de seguridad de metal del coche y esconderla bajo una rueda cercana solo por si aparecía algún perro con mala hostia, un jabalí o algún tigre dientes de sable a robarme mi deliciosa comida. En lugar de eso, apareció otra furgoneta, que pasó muy despacio cerca mío, con dos hombres mirándome desde dentro. aparcaron cerca.

Aparcaron cerca. Aunque no les veía, podía oir el motor y las puertas al abrirse. En ese momento, en mi mente vinieron todo tipo de imágenes de CSI. Para deshacerme del miedo y la duda, decidí acercarme a su furgoneta a saludar y inspeccionar. La verdad es que iba cagado de miedo, hasta llevaba una navaja en el bolsillo…

Salió un tipo de unos 60 años que iba con otro de no más de 40. Nos pusimos a hablar, aunque debo admitir que no los escuché demasiado, pues estaba cansado y simplemente me centraba en rezar para que no fueran asesinos en serie.

Acabé de cenar y rápidamente me metí en la furgo. Dormí como pude. Puedo asegurar que esa noche las temperaturas bajaron de 0, pues por la mañana habían charcos de hielo enel suelo. Aun así, no pasé demasiado frío.

Después de esa noche de adaptación a la vida nómada, marché hacía Huesca para ir a dormir a casa de Miren, una chica que conocí en Barcelona y por aquel entonces era una desconocida. No obstante, tras una semana de convivencia, ha resultado ser una persona de lo más especial, de la que he aprendido mucho.

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